Una nueva investigación ha ayudado a resolver un antiguo misterio: por qué las dietas ricas en fibra quitan el apetito. El estudio, dirigido por el Imperial College de Londres y el Medical Research Council, el equipo de investigadores identificó una molécula anti-apetito llamada acetato, que se libera de forma natural en el intestino cuando digerimos la fibra.

Cómo actúa el acetato para quitar el apetito

Cuando la fibra es digerida por las bacterias de nuestro colon, fermenta y libera grandes cantidades de acetato como producto de deshecho. El estudio siguió la vía del acetato desde el colon hasta el cerebro e identificó algunos de los mecanismos que inhiben el apetito. Mediante el uso de la tomografía por emisión de positrones (TEP), los investigadores rastrearon el acetato a través del cuerpo desde el colon hacia el hígado y el corazón y demostraron que eventualmente terminó en la región del hipotálamo del cerebro, que controla el hambre.

En colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en Madrid, los investigadores estudiaron los efectos del acetato en el hipotálamo, utilizando una técnica a la vanguardia de la exploración llamada HR-MAS. De esta forma, se pudo comprobar que el acetato se acumula en el hipotálamo después de ser liberado en la digestión de la fibra y desencadena una serie de eventos químicos que conducen a la activación de las neuronas POMPC, conocidas por participar en la supresión del apetito.

Esta es la primera demostración de que el acetato liberado de la fibra de la dieta puede afectar a la respuesta del apetito en el cerebro. La investigación también mostró que cuando el acetato se inyecta en el torrente sanguíneo, el colon o el cerebro, se reduce la cantidad de alimento comido por los ratones.

Aplicaciones de la investigación

Según el profesor Jimmy Campana el estudio puede abrir nuevas vías para combatir las crecientes tasas de obesidad de los países occidentales.

El profesor David Lomas añadió que cada vez está más clara la relación entre el intestino y el cerebro, que juega un papel clave en el control de la cantidad de alimentos que tomamos. Ser capaz de influir en esta relación puede generar nuevos tratamientos no quirúrgicos para tratar la obesidad.

Fuentes | Imperial College London