El punto de cocción de la pasta es más importante de lo que generalmente se piensa. Aunque hay paladares que prefieren la pasta más bien pasada por no encontrar ese punto “duro” en el interior, la pasta “al dente” es mejor para practicar deportes de resistencia.

pasta

La pasta “al dente” es aquella que está cocida por fuera y en su interior conserva todavía una pequeña porción casi cruda que se percibe al masticarla y ofrece cierta resistencia al ser comida. Por ello, algunas personas prefieren tomarla más cocida. Sin embargo, cuando nos referimos a la alimentación del deportista, no se trata de cocer la pasta al gusto del comensal, sino que se busca el objetivo de maximizar el rendimiento deportivo.

La pasta es un hidrato de carbono de absorción lenta, aunque en función de su punto de cocción se logra que los carbohidratos se aprovechen mejor. La pasta cocinada “al dente” tiene un índice glucémico inferior al de la pasta demasiado cocida. Cocinada “al dente” tarda más en ser digerida y la energía proporcionada al organismo tarda más en consumirse y se libera más gradualmente en el tiempo. Mantiene los niveles de glucosa más estables, el propio organismo administra sus reservas y va liberando los hidratos de carbono de la pasta de forma progresiva. Sin embargo, si la pasta queda demasiado cocida, el índice glucémico es superior y la glucosa llega antes a la sangre. Por ello, es preferible que los deportistas que realizan actividades o esfuerzos físicos de larga duración consuman la pasta “al dente”.

¿Cómo podemos saber si la pasta está “al dente”?

Lo mejor es respetar los tiempos de cocción que se indican en el paquete, aunque no está de más probarla un par de veces poco antes del tiempo indicado. Se puede sacar una pieza de pasta de la olla, morderla y observar si en su interior queda un pequeño “hilo” de masa de otro color.

Imagen obtenida de Serge Oryan