Actualmente existe un gran interés en las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas para mejorar el rendimiento deportivo. No obstante, este interés se basa en reivindicaciones entusiastas y en testimonios individuales en lugar de en evidencias sólidas. No existe ninguna prueba de que estas dietas produzcan una mejora del rendimiento deportivo, aunque este tipo de dietas aumente la capacidad del músculo de utilizar la grasa como sustrato energético durante el ejercicio. En realidad, lo que existe es un riesgo de perjudicar la capacidad de realizar ejercicio de alta intensidad.

Dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas

Adaptación y consecuencias de la dieta

Entre 1985 y 2005, varios estudios examinaron la propuesta de que la adaptación a una dieta baja en carbohidratos (< 25% energía) y alto contenido de grasa (> 60% de energía) para aumentar la utilización de grasa muscular durante el ejercicio, podría mejorar el rendimiento en individuos entrenados y reducir la dependencia sobre el glucógeno muscular.

En estos estudios se observó que con tan sólo 5 días de entrenamiento con este tipo de dietas se mejora la capacidad del músculo de quemar grasa con cambios fisiológicos robustos, que persisten a pesar de las estrategias para restaurar la disponibilidad de carbohidratos, como por ejemplo por medio de la supercompensación de glucógeno. Además, una exposición de 2 a 3 semanas de consumo mínimo de hidratos de carbono logra la adaptación a concentraciones altas de cetonas en la sangre.

Sin embargo, no se consiguió detectar beneficios claros en el rendimiento durante ejercicios de fondo y ultra-fondo, y la evidencia muestra un deterioro en el rendimiento de ejercicio de alta intensidad a través de una regulación a la baja del metabolismo de los carbohidratos, lo que lleva a los dietistas-nutricionistas expertos en nutrición deportiva a no recomendar tales estrategias de adaptación metabólica.

Actualidad y futuro

Recientemente ha resurgido el interés en dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas, al proliferar los testimonios de mejoras del rendimiento de los deportistas que las siguen. Esto ha creado el deber de volver a examinar los beneficios potenciales de este tipo de alimentación.

Desafortunadamente, la ausencia de nuevos datos impide llegar a una conclusión diferente. A pesar de los resultados de futuras investigaciones, existe una necesidad de un mejor conocimiento de las directrices actuales de nutrición deportiva, que promueven un enfoque individualizado y de periodización de la disponibilidad de combustible durante el entrenamiento, permitiendo al atleta prepararse para la competición con flexibilidad metabólica y una utilización óptima de todos los sustratos energéticos.

No obstante, puede haber unos pocos escenarios donde las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasas sean beneficiosas, o por lo menos no son perjudiciales para el rendimiento deportivo.

Fuente: Re-Examining High-Fat Diets for Sports Performance: Did We Call the ‘Nail in the Coffin’ Too Soon?
Louise M. Burke
Sports Med (2015) 45 (Suppl 1):S33–S49 DOI 10.1007/s40279-015-0393-9