Este comentario es el que escuché entre el público del MAPOMA (Maratón Popular de Madrid, actualmente Rock & Roll Madrid Maratón) de este mismo año. Yo había participado en los 10km y después de reponer fuerzas con un completo desayuno, me disponía a animar a los primeros atletas que empezaban a llegar por la Puerta de Alcalá para recorrer los escasos 1000m que les quedaban para finalizar la prueba. Tras ver a los primeros clasificados empezaron a llegar atletas semiprofesionales y amateurs. A estos atletas es a los que da gusto animar, personas que llevan sacrificándose muchos años y ven cómo ese tesón se ve recompensado alcanzando sus objetivos.

Volviendo al tema inicial del post, no habían transcurrido ni 2h 40m cuando empezaron a llegar atletas cojeando, arrastrando los pies, escuálidos, otros regordetes, algunos de avanzada edad, o con una manera un tanto “especial” de afrontar cada zancada, y sin embargo acabando la prueba en unos tiempos inalcanzables para la mayoría de mortales. Éste hecho no pasó desapercibido entre una pareja joven que presenciaba la carrera y uno de los dos comentó: “¿Cómo puede acabar un maratón un tío como éste?“. Este comentario me sirve como punto de partida para explicaros que no todo es lo que parece…

Cómo puede acabar un maratón un tío como éste

La constancia y la dedicación son puntos clave para correr un maratón. Aunque no lo parezca, todo aquel que corre un maratón, o la mayoría, lleva meses e incluso años preparándose para afrontar esa distancia de carrera a pie. Lo que supone una rutina de entrenamientos semanales, una dieta y suplementación adecuada, sesiones de fisioterapia, y lo más importante y más difícil, cuadrarlo todo en el horario con el trabajo, los hijos, el perro, visitar a la familia, amigos, salir de fiesta, tomar unas copas, etc…

La excepción confirma la regla, de vez en cuando te encontrarás a algún amigo que hace deporte de vez en cuando, y un día se apunta contigo a la maratón y además la corre sin despeinarse y en mejor tiempo que tú. No te desanimes, ni te castigues, la naturaleza o más bien la genética es muy canalla. Pero no nos engañemos, correr una maratón implica una voluntad de hierro y un sacrificio. No sólo de un día en particular, sino varios meses o incluso años.

Pero no todo es sufrimiento. Aunque no lo parezca, practicar un deporte tan sacrificado te da más de lo que te quita: ayuda a llevar una rutina, te conduce a preocuparte por tu salud, libera el estrés, conoces buenos amigos que te acompañarán muchos años, y sobre todo te enseña a valorar los pequeños detalles del día a día que marcan la diferencia, y te das cuenta que con constancia y tesón logras tus objetivos.

Cuando te preguntes ¿Cómo puede acabar un maratón un tío como éste?, ya sabes la respuesta.